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Haile Gebrselassie

Haile Gebrselassie nació en Asella, Etiopía un 18 de abril de 1973.
Es doble campeón olímpico y ocho veces campeón del mundo en diversas distancias del atletismo. El palmarés de Haile, consta de 27 récords mundiales en pista y en ruta, e infinidades de marcas y actuaciones destacadas y también será recordado como el primer hombre que bajó de las 2h04 en maratón.
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En una granja de Etiopía que era poco más que una choza, vivía junto a su padre, pastor, y nueve hermanos. Para ir al colegio, Haile, tenía que caminar diez kilómetros cada día. Pero el pequeño Haile no caminaba. Corría. Siempre corría. Lo hacía con los pies descalzos sobre la tierra árida, una mezcla de arena y grava.
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El aire era casi irrespirable a causa del calor. Sin embargo, en clase, el rostro de Haile no mostraba signos de fatiga. Por supuesto que estaba cansado, sediento y lleno de polvo. Pero lo primero que veían llegar los profesores y sus compañeros era su sonrisa.
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Obviamente había algo especial en aquel niño tímido y delgado como un alfiler. Empezando por su forma de correr. Iba a paso ligero pero constante. Rápido, pero fluido. Así es como Haile ganó su primera carrera cuando era solo un muchacho. Fue casi un juego: en el poblado celebraban una competición de 1500 metros.
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Como premio, recibió cinco birres, casi medio euro. En ese momento, una idea nació en su mente:

“competir como forma de salir de la pobreza, de la miseria. Correr para ayudar a su familia”.

Aunque su padre quería que se quedase con él en la granja, a los 16 años decidió entrenar en el cuerpo de policía: fue el primer paso que llevaría a Haile Gebrselassie a convertirse en el Usain Bolt del maratón y el medio fondo, y a batir todos los récords posibles e imaginables. 

Entrando a la historia del atletismo en numerosas Copas del Mundo, Juegos Olímpicos y maratones. 

Y lo hizo en la época dorada de los fondistas kenianos, considerados los mejores de todos los tiempos y los rivales más fuertes y lo logró en muchas ocasiones. 

A pesar de ello, nunca abandona su sonrisa, la misma que esbozaba de niño, cuando llegaba a la escuela después de haber corrido 10 kilómetros.

“Sonrío porque soy deportista. El deporte nació para hacer feliz a la gente. Cuando compito, cuando corro, la gente se siente contenta al verme y yo soy feliz por ello”.

En 2010, en Nueva York, se vio obligado a abandonar a los 26 kilómetros. Tenía 37 años. Las piernas no le sostenían como antes, los tendones apenas le aguantaban. 

“El emperador abdica” rezaban los titulares de la época. Entonces volvió a su tierra. Regresó a Etiopía. 

Pero esta vez fue diferente a las demás: “La reacción de la gente me dejó desolado, no les gustaba la manera en que había decidido acabar mi carrera. Y tenían razón”

Para sus compatriotas Haile era un dios. Y un dios no se retira como un perdedor. Así que dio marcha atrás en su decisión de retirarse y participó en la Gran Carrera de Manchester, su último desfile.

Se clasificó el decimosexto, pero decidió correr los 10 km del circuito dos veces, un poco como hacía en el colegio: la primera vez para cruzar la línea de meta. 

La segunda, para saludar al público y a sus seguidores, en medio de fotos y aplausos. Tanto fue así que hizo las siguientes declaraciones en directo a la BBC: 

“Dejaré de competir, pero, desde luego, no de correr. Correré mientras viva, correr es mi vida”.

Marca del Maratón: 2:03:59
Marca 10.000 m: 26:22
Marca 20.000 m: 55:48

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